martes, 16 de octubre de 2012

Hielo y sal.



Camine, señor, camine,

que el tiempo no le apremia el rojizo de sus ojos
y mejillas de cristal.

Que la noche no le endulzara el agrio pesar
de sus pies y manos.

Camine, camine rápido señor,
por que puede que no alcance a derretir

esta vez su corazón.

Emman.

jueves, 11 de octubre de 2012

El gato.

Más allá de su maullar,
sus ojos y ronronear encimoso,
los que le hacen patrullar
su hogar valeroso,
con andar altivo y sigiloso.


Emman.

Del Gorrión que no quería volar.

Sale el sol y te alistas
con mirada inocente,
cantas vivo felizmente;
tú, soñador que analizas,
las zancadas indecisas.
¿Por qué no vuelas?, ¡aletea!
abre el pico, corretea,
deja tus ramas y hojas.
Espabila, no seas floja;
Camachuelo, ¡ya aletea!.


Emman.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Aleación y alotropía.

Y me preguntas una vez más, mirando mis ojos, mis yagas; inyectándome dosis letales de locura, abrazando mi debilidad como seda raída en la pendiente de mi risco de ausencias. Y me preguntas una vez más, mientras braceas tranquilamente en mis fluidos salinos que se evaporan para calmar mis temores y llenarse continuamente con el aguacero de tu incertidumbre casi infinita. Y sigues preguntado, no te es basto mi dominio en el que destronado por tu aflicción estoy; mis bastas praderas, mis bosques de delirios, que irradian con tu presencia y crece a tu porción de magnanimidad. 
 Y ahora me pregunto yo, como si fuese necesario preguntarme también y necesario preguntarte a ti:
 
¿Por qué fue necesario asesinar nuestra aleación, que es inmortal, que se cobija con nuestra amnesia?
 
Respiro el frio de la lluvia que asecha mi cuestión, mientras mi mirada ve profundamente los residuos del cielo. Con escasa valentía levanto mi taza de café y cierro mis ojos deseando que esto, en verdad, nunca termine.

Emman.

martes, 14 de agosto de 2012

Acecho.

En tu morada sutil,
la claridad preserva tu esencia
y la sombra cuan servil,
resiste, atisba tu existencia;
el fino tono de piel,
perfume arrobante cual Sylvestris.
Que cautiva mi ser,
condenándolo a un eterno ocaso.
Cálido y boyante.

Emman.